¿Por qué no una Navidad distinta?

¿Por qué no una Navidad distinta?

Ya se respira la Navidad. Época familiar, de reencuentros y, para muchos, de culto y de felicidad religiosa que acostumbramos a celebrar con comidas excelsas y regalos en unas fechas señaladas en los calendarios de todo el mundo. Dos semanas que aquí siguen una serie de etapas concretas con el mismo ritual año tras año; Nochebuena, Nochevieja y la venida de los Reyes Magos se suceden entre sí con apenas una semana de diferencia. Envueltos en el frío invernal, festejamos de la manera más tradicional y de manera similar año tras año las mismas fiestas.

Ahora bien, ¿por qué no vivir unas fiestas diferentes? ¿Por qué no probar a irnos a la cuna de uno de los grandes personajes (Papá Noel) de estas fechas tan especiales? Viajar a Escandinavia sería elevar al máximo la sensación climática que tiene la Navidad. Aguardar en los fiordos noruegos o en una acogedora casa de montaña de Helsinki o Estocolmo, a los pies de la chimenea y viendo nevar de forma salvaje, la llegada de San Nicolás sería tremendamente especial. Unos días entre mitología de renos, duendes, Santa Claus y la nieve envolviéndolo todo.

Alejarse de tanto tradicionalismo y apostar por el glamour es otra interesante opción. Imagínate caminando por Manhattan entre un despliegue publicitario que invita a todo en estas fechas y recuerdos de tantas y tantas películas navideñas de sobremesa filmadas en esos lugares. Rockefeller Center y su inmenso árbol, grandes divas del pop cantando villancicos en plena Gran Manzana y los espectáculos en Broadway hacen de Nueva York una ciudad nada desdeñable para pasar una Navidad atípica.

También existen destinos para aquellos que rompen con lo establecido. Soñar con las uvas del 31 de diciembre (en el caso de Italia curiosamente son lentejas) tumbado en una playa australiana puede ser una realidad para el que se lo quiera/pueda permitir. Allí coinciden con el verano y comenzar un nuevo año entre arena, olas y altas temperaturas sería una experiencia tan curiosa como apetecible. Olas como las que se pueden ver también en Copacabana, las cuales arrastran mar adentro regalos y bendiciones lanzadas por unas sacerdotisas típicas de Brasil bajo la luz de los espectaculares fuegos artificiales de Río de Janeiro.

Incluso ir hasta la remota y exótica isla de Kiribati, en la Polinesia Francesa, para ser el primero en celebrar el nuevo año puede convertirse en objetivo para los amantes de nuevas experiencias. Cada vez son más los turistas que en tales días optan por este pequeño enclave que fue descubierto por el Capitán Cook en la Nochebuena de 1777 y que recibe su otro nombre, Kirimati, por la forma en la que los nativos de la isla pronuncian “Christmas”. Por su parte, Hawái, despide horariamente el año y es el lugar que más tarda en celebrar la llegada de los próximos doce meses, aunque para los que deseen prolongar el 2015 pueden optar por irse a China hasta febrero, ya que hasta mediados del mismo la nación más poblada del mundo no entra en el nuevo año, según el calendario lunar por el que se rigen.

También para los fieles creyentes existen destinos navideños idóneos. México y otros países latinoamericanos, fervientes católicos en su mayoría, celebran de manera especial la liturgia con dos Misas de Gallo (el 24 y el 31). Además, el golpear a una piñata que representa a Satanás se convierte en el plan estrella de los más pequeños. Rusia o la propia Israel, ortodoxos y judíos, se recogen de manera especial para pasar la Navidad y resultan otros destinos tan diferentes por dichos festejos religiosos como atractivos y misteriosos al compararlos con lo que estamos acostumbrados aquí.

De vuelta a Europa, no sólo los Reyes Magos aparecen por las casas cargados de regalos. En Italia, esa misma noche, una bruja llamada Befana, hace la misma ardua tarea que Sus Majestades de Oriente. San Silvestre no sólo incita a correr una maratón por el centro de Madrid en Nochevieja, puesto que en Alemania ahuyenta entre copiosas comidas a los espíritus malignos de cara a los próximos 365 días. Similar a los británicos, que se apoyan en el muérdago y en el reparto de besos frente a esta planta para evitar el mal fario y atraer la buena suerte.

Alimentos clásicos y autóctonos, licores y alcoholes variados y dulces característicos de estas fechas completan en cada parte del globo unos días universales pero celebrados de forma muy heterogénea. ¿Por qué no experimentar y celebrar la Navidad de una forma desconocida y diferente? Tenemos cada año una oportunidad de conocer una Navidad distinta.

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